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Guía 11 min de lectura

Fauna de la Antártida y Georgia del Sur: qué animales verás

Fauna de la Antártida y Georgia del Sur: pingüinos rey, ballenas, focas y albatros. Qué animales verás y dónde, especie a especie.

OL
Olivia
Actualizado 30 de junio de 2026
Colonia masiva de pingüinos rey en Salisbury Plain, Georgia del Sur, con glaciares y montañas nevadas al fondo

Hay lugares en el mundo donde la naturaleza se muestra con cierta generosidad. Y luego está la Antártida y Georgia del Sur, donde simplemente se desborda. No es hipérbole: es una cuestión de escala. Cuando navegas hacia Salisbury Plain y el valle entero —de orilla a orilla— está tapizado de pingüinos rey con el pecho naranja encendido, y el rumor de la colonia te llega antes de que el zodiac toque tierra, entiendes que ciertos adjetivos son insuficientes. Esta guía te cuenta qué vas a ver, dónde y cuándo, sin promesas imposibles y con la honestidad que merece un viaje de esta magnitud. Porque nada está garantizado en el océano Austral, pero pocas cosas en la Tierra se le acercan a esto.

Para orientar la planificación, combina esta guía con el artículo sobre cuándo ir a la Antártida y con la guía del crucero de expedición antártico que explica cómo funciona el acceso a estos lugares.

Pingüinos: siete especies, un mundo aparte

Los pingüinos son el corazón emocional de cualquier expedición antártica. No por uno o dos individuos: por miles, decenas de miles, a veces cientos de miles, en colonias que huelen fuerte, rugen, se mueven como una marea viva y obligan a detener la respiración cada pocos minutos.

Pingüino papúa (Gentoo). El más fácil de ver y el más ágil en el agua: alcanza los 36 km/h cuando caza bajo la superficie. Reconocerás su pico rojo-naranja y la mancha blanca sobre los ojos. Es el pingüino que encontrarás en casi todos los desembarcos de la Península Antártica y las Shetland del Sur. Unas 300.000 parejas reproductoras en la región, según el British Antarctic Survey. Su presencia es tan constante que los viajeros veteranos lo llaman “el anfitrión de la Península”.

Pingüino barbijo (Chinstrap). La línea fina negra bajo el pico que le da nombre es inconfundible, como si le hubieran dibujado una correa. La colonia de Baily Head, en Deception Island, suma hasta 200.000 parejas: una de las concentraciones de pingüinos más densas del planeta. El barbijo tiene fama de carácter más vivaz —o directamente irascible— que sus vecinos papúa. Quien se acerque demasiado lo comprobará.

Pingüino de Adelia. El pingüino “clásico”, el de los dibujos de toda la vida: negro y blanco puro, sin adornos de pico ni penacho. Exclusivo de latitudes altas; se ve a partir de las Islas Orcadas del Sur y en el continente. En enero, los pollos forman las llamadas creches — guarderías de crías apiñadas para conservar el calor — mientras los adultos se turnan para volver del mar con el krill.

Pingüino rey. El segundo más grande del mundo (hasta 94 cm, 15 kg) y el que más impacto emocional produce en la mayoría de los viajeros. Un detalle fundamental que cambia la planificación: el pingüino rey no vive en la Antártida continental. Su hábitat son las islas subantárticas, y Georgia del Sur es el destino clave. Las colonias de Salisbury Plain y St. Andrews Bay son, sin exageración, posiblemente los mayores espectáculos de vida silvestre que puede presenciar un ser humano sobre la Tierra: cientos de miles de pingüinos rey (verificar) en una sola playa, el pecho naranja encendido, el ruido de la colonia llegando desde lejos como el rumor de una ciudad. Para eso se hacen los itinerarios largos.

Pingüino macaroni. Su penacho amarillo-naranja explosivo lo hace inconfundible desde lejos, un adorno tan desproporcionado que resulta casi cómico. Georgia del Sur alberga millones de parejas reproductoras — la mayor colonia del planeta — y son sumamente ruidosos cuando crían. Se mueven en grupo con una energía que contrasta con la pausa hierática del rey que tiene justo al lado.

Pingüino rockhopper. El de las Islas Malvinas (Falklands). Penacho amarillo más fino que el macaroni y una costumbre que lo define: escalar acantilados a saltos, de roca en roca, con una determinación que parece temeraria vista desde fuera. En Stanley y en las reservas de la isla Saunders los verás compartir acantilados con albatros de ceja negra, una estampa que cuesta creer que sea real.

Pingüino emperador. El más grande del mundo (hasta 1,2 m, 40 kg) y con diferencia el más difícil de ver en expedición. Nidifica en invierno antártico — mayo y junio — sobre el hielo del continente, lo que significa que la ventana de acceso durante la temporada de cruceros es muy estrecha: solo en noviembre, en la colonia de Snow Hill, accesible únicamente con barcos de altísima clasificación polar (como el Le Commandant Charcot de Ponant) y mediante traslado en helicóptero. No es un avistamiento que ofrezca un crucero estándar. La población global de emperadores ha caído un 22 % entre 2009 y 2023, según un estudio publicado en Nature en 2025 — una cifra que da un peso diferente a cada encuentro.

Pingüinos rey en primer plano con glaciares de Georgia del Sur al fondo

Ballenas: el encuentro más silencioso del viaje

Una cosa que nadie te avisa: cuando una ballena jorobada se acerca al zodiac y te mira, el silencio que se hace en el bote — ocho adultos conteniendo el aliento — es tan intenso como el propio animal. Es uno de esos momentos donde el viaje deja de ser turismo y se convierte en otra cosa.

Ballena jorobada (Humpback). La protagonista indiscutible de los avistamientos antárticos. Sus saltos, el golpe de la aleta pectoral sobre el agua y la cola levantada al sumergirse son icónicos. Pero lo que más recuerdan los viajeros no es el espectáculo: es la curiosidad. Febrero es el mes pico: las jorobadas están bien alimentadas, relajadas, y pasan más tiempo en superficie. Se acercan a los zodiacs con una frecuencia que sorprende, a veces tan cerca que se puede oír el estampido de su espiráculo y oler el aliento salado.

Ballena minke antártica. Pequeña, ágil, frecuente. Aparece en el Paso de Drake y a lo largo de toda la Península durante toda la temporada. Suele ser el primer cetáceo que avistas desde la cubierta del barco durante la travesía hacia el sur.

Orca (Tipo B). Las orcas no están garantizadas, pero cuando aparecen no se olvidan. El Tipo B — el ecotipo cazador del hielo — trabaja en grupo para crear olas controladas que desplazan a las focas de Weddell de los témpanos. Es uno de los comportamientos de caza cooperativa más sofisticados documentados en cualquier especie. Variable, no planificable, y de una intensidad que deja muda a la cubierta entera.

Ballena de aleta (Fin whale). La segunda especie más grande del planeta. Presente en aguas antárticas, aunque menos espectacular en superficie que la jorobada. Su envergadura —hasta 27 metros— impresiona cuando el animal surfea junto al casco del barco.

Ballena azul. El animal más grande que ha existido jamás sobre la Tierra. Los avistamientos son raros — y precisamente por eso figuran entre los más emocionantes que puede tener un viajero en toda su vida —. Se registran sobre todo en enero y febrero, en zonas de alta concentración de krill. Ningún crucero la garantiza. Ninguno puede.

Cola de ballena jorobada emergiendo entre icebergs con el barco al fondo

Focas: de la ternura a los cuatro mil kilos

Las focas antárticas cubren todo el espectro posible: desde el animal más apacible y fotogénico que verás en tu vida hasta el mayor depredador que vive sobre el hielo marino.

Foca de Weddell. La reina de la fotogenia. Se tumba sobre los témpanos con lo que solo puede describirse como una cara de satisfacción perpetua, completamente ajena a tu presencia. Es la foca más tranquila de la región, la que más frecuentemente encontrarás descansando sobre el hielo junto a las colonias de pingüinos, y la que casi siempre protagoniza las mejores fotografías del viaje sin haberlo pretendido.

Foca leopardo. Aquí el registro cambia por completo. Dos metros y medio de depredador con una cabeza desproporcionadamente grande que hace honor a su nombre. Caza pingüinos en el agua con una eficiencia que ha fascinado a los naturalistas más curtidos: los sacude en la superficie para quitarles la piel. Desde el zodiac, un encuentro cercano con una foca leopardo — que a menudo nada por debajo de la embarcación, examinándola — es de los momentos más intensos del viaje. La distancia de 5 metros que exige la IAATO no es burocracia: es lo que permite al animal comportarse con normalidad.

Foca cangrejera (Crabeater). El nombre engaña: se alimenta casi exclusivamente de krill, no de cangrejos. Es posiblemente la foca más abundante del planeta; algunos cálculos estiman más de diez millones de individuos. Su presencia en la Antártida es ubicua. Las cicatrices que cubren el cuerpo de muchos adultos cuentan historias de encuentros con orcas y focas leopardo.

Elefante marino del Sur. Georgia del Sur es el escenario principal. El macho adulto puede superar los 4.000 kg — el pinnípedo más grande del mundo — con una trompa inflable que amplifica su rugido hasta hacerlo físicamente doloroso a corta distancia. Sus peleas por los harenes en noviembre son un espectáculo de una brutalidad prehistórica: dos moles alzándose frente a frente, chocando el pecho, llenando el aire de rugidos y sangre. En enero y febrero los verás más tranquilos, tumbados en la playa como peñascos con ojos y un olor que permanece en la memoria olfativa.

Lobo peletero antártico (Fur seal). Recuperado de la caza intensiva del siglo XIX que los llevó al borde de la extinción, hoy abundan en Georgia del Sur. Son ágiles, territoriales y notablemente más agresivos que las focas de Weddell: los naturistas te indicarán cómo rodearlos con calma. Otro recordatorio de que “fauna salvaje” no es un eufemismo decorativo.

Aves: cuando la envergadura mide tres metros y medio

La Antártida y sus islas subantárticas son hogar de algunas de las aves más singulares del planeta. No hace falta ser ornitólogo para que te impresionen; basta mirar hacia arriba en el Paso de Drake.

Albatros errante (Wandering Albatross). El ave de mayor envergadura que existe: hasta 3,5 metros de ala a ala. Anida en Georgia del Sur — especialmente en Bird Island, con miles de parejas — y planea sobre el océano Austral con una elegancia que parece físicamente imposible: puede recorrer miles de kilómetros sin apenas batir las alas, usando las corrientes del viento con una precisión que ha asombrado a los ingenieros aeronáuticos que lo han estudiado. Verlo desde cubierta durante la travesía del Drake — planear junto al casco durante minutos, girando la cabeza para mirarte — es uno de esos momentos que no se buscan y no se olvidan.

Albatros de ceja negra. El más común del género en la región. Anida en Malvinas y Georgia del Sur. En los acantilados de las Falklands, sus colonias son accesibles en desembarco y fotografiarlo a distancia cercana es posible sin ningún esfuerzo; la dificultad es recordar cerrar la boca.

Petreles gigantes. Carroñeros del océano, maestros del aprovechamiento de corrientes, compañeros de navegación en las travesías largas. Vistos en tierra — donde anidan — su tamaño resulta sorprendente para quien solo los ha visto planeando lejos.

Págalo (Skúa). El depredador aéreo de las colonias de pingüinos. Lo verás sobrevolar las pingüineras en busca de huevos o pollos desprotegidos, y en ocasiones lanzarse en picado con una precisión que deja perplejos a los pingüinos padres. Los más audaces se acercarán también a los viajeros si llevan algo que les parezca comida.

Georgia del Sur: el mayor espectáculo de vida silvestre de la Tierra

Esta es la afirmación que suena a exageración hasta que estás allí. Georgia del Sur — una isla subantártica de unos 170 km de largo en el Atlántico Sur, sin residentes permanentes, sin infraestructura turística, sin ningún tipo de concesión a la comodidad del turista — concentra en un espacio geográfico pequeño la mayor densidad de vida silvestre que puede ver un viajero en cualquier lugar del planeta.

La suma es difícil de creer escrita: colonias de cientos de miles de pingüinos rey (verificar) en un solo valle, millones de macaronis anidando en las pendientes, elefantes marinos de cuatro toneladas en las playas, lobos peleteros en cada ensenada, albatros errantes de 3,5 metros en Bird Island, y en Grytviken la tumba de Ernest Shackleton — una antigua estación ballenera noruega que los expedicionarios polares visitan con la misma reverencia que un santuario. La historia polar y la naturaleza en bruto, en el mismo kilómetro cuadrado.

La diferencia respecto a la Península Antártica no es de grado: es de categoría. La Península ofrece un paisaje de glaciares azules y fauna muy rica. Georgia del Sur añade una escala de vida viva que no tiene equivalente en la Tierra. No es un complemento del viaje antártico: es, para muchos expertos polares, la razón principal del viaje.

El precio de ese privilegio es la duración: los itinerarios que incluyen Malvinas, Georgia del Sur y la Península duran entre 18 y 23 días, con un coste considerablemente superior a la ruta clásica. Los expertos polares que conozco lo dicen con una consistencia que ya no es coincidencia: si solo vas a hacer este viaje una vez en la vida, ve con Georgia del Sur. El resto de rutas son notables. Esta es única.

Para elegir el barco que mejor se adapta a esta ruta y entender qué implica la clasificación polar en términos de acceso a fauna, consulta la guía de mejores barcos para la Antártida y la de cuánto cuesta un crucero antártico.

Foca de Weddell descansando sobre un témpano de hielo, Antártida

Información de fauna verificada con fuentes del British Antarctic Survey y normativa IAATO a junio de 2026. Los datos de población del pingüino emperador corresponden a estudio publicado en Nature, 2025. Todos los avistamientos dependen de las condiciones en el momento del viaje: ninguna especie está garantizada. La distancia mínima con la fauna establecida por la IAATO es de 5 metros.

Preguntas frecuentes

¿Qué animales se pueden ver en la Antártida?

En un crucero de expedición estándar es habitual ver pingüinos papúa (Gentoo) y barbijo, ballenas jorobadas y minke, y focas de Weddell y leopardo. Las orcas, la ballena azul y el pingüino emperador son avistamientos posibles pero no garantizados. Georgia del Sur añade pingüinos rey, elefantes marinos y el albatros errante.

¿Se ven pingüinos en la Antártida continental?

Sí: los pingüinos papúa (Gentoo), barbijo y Adelia son propios de la Península Antártica y las Shetland del Sur. El pingüino rey vive en Georgia del Sur, no en el continente. El pingüino emperador solo es accesible con barcos de alta clasificación polar en noviembre.

¿Cuándo es el mejor momento para ver ballenas en la Antártida?

Febrero es el mes pico para avistamiento de ballenas jorobadas: están más relajadas, permanecen más tiempo en superficie y a menudo se acercan por curiosidad a los zodiacs. Diciembre y enero también ofrecen buenas oportunidades.

¿Es peligrosa la foca leopardo?

La foca leopardo es un depredador ápice y merece respeto, pero no representa un peligro si se mantiene la distancia reglamentaria de 5 metros que exige la IAATO. Los naturistas del barco supervisan todos los encuentros en tierra y en zodiac.

¿Qué hace a Georgia del Sur tan especial para ver fauna?

Georgia del Sur concentra en un espacio reducido la mayor abundancia de fauna marina del planeta: colonias de cientos de miles de pingüinos rey (verificar), millones de macaronis, machos de elefante marino de hasta cuatro toneladas y el albatros errante con 3,5 metros de envergadura. Ningún otro lugar en la Tierra ofrece un espectáculo equivalente en tan pocos kilómetros.

¿Está permitido tocar a los animales?

No. La normativa IAATO exige mantener al menos 5 metros de distancia con toda la fauna. Si un animal se acerca voluntariamente —lo que ocurre frecuentemente con los pingüinos— se permanece quieto. Nunca se persigue, toca ni alimenta.

¿Cuántas especies de pingüino se pueden ver en un mismo viaje?

Un itinerario que incluya Malvinas, Georgia del Sur y la Península Antártica puede reunir hasta seis o siete especies: rockhopper en Malvinas; rey, macaroni en Georgia del Sur; papúa, barbijo y Adelia en la Península; y el emperador, solo en condiciones muy específicas en noviembre.

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Escrito por

Olivia

El fin del mundo en barco boutique: polos, islas y travesías donde llega muy poca gente.